MYZIN.

La cuesta de Enero ha terminado como el rosario de la aurora, desaparece lo que no queremos ver ni oír, los amigos se prodigan como un recurso que se autoabastece de visibilidades comerciales, por lo tanto , ser mudo es la mejor elección para no dar de que hablar quienes nos aportan nada original. Lo original también es complicado de poder añadir a los valores de nuestra profesión, lo habitual es copiar y pegar, tragar y mentir y por supuesto, pintarla y llenarse la boca de suplicar la renuncia a la crítica. Pero la educación es otro valor que no conoce de espacios territoriales, mientras existan limones amargos, amigos del jefe y servidores de posibles encargos, a nivel asociativo hemos vuelto a lo peor de lo peor, con una línea editorial mediocre de opacidad preocupante y opciones descaradas de inoperatividad de crecimiento. No veo foco en el horizonte, salvo el relevo total de quienes se perpetúan y adaptan al muñeco de turno, que aparece solo para desaparecer en las respuestas de los detectives. Los detectives somos un recurso caro, pero pagado por el usuario al que hay que dejarle la opción de poder elegir libremente y por supuesto con el máximo nivel de conocimiento sobre nuestra capacidad y prestigio profesional. Los errores son un atributo humano, pero sus reconocimientos son una tara intelectual. Los egos en esta profesión son otro de los méritos añadidos, ambos tienen como coincidencia la que en política se reconoce como la cápsula de autosatisfacción del entorno, cuanto más grande el entorno palmero, más alejados de la realidad de la esquina de la calle, aquí nadie inventa nada, nadie puede dar lecciones a nadie sobre la profesión y menos adoctrinar, nadie es doctor que sea un referente, ni la maquina de la mentira nos aporta luz sobre la verdad, ni sobre el engaño, porque engañar es no responder y esconderse porque para desaparecer hay que tener la virtud de ser invisible que se incompatibiliza con la destreza de no ser visto. Mantengamos el silencio para ser espectador del espectáculo de los que presumen de “nosequé”, porque cada vez somos más los que contamos con una experiencia vital policial y judicial que no conoce de miedos ni de vértigos profesionales. Me llamo TONY y soy detective.