QUE CABEZAS…

No hay que ser inteligente para definirse como tal, no hay que ser reconocido sino saber venderse, no hay que certificarse solo hacer presencia. Cuando acudes a los actos de difusión de la cultura de la inteligencia y eres testigo que el ponente de turno dedica de los 20 minutos de tiempo, 5m ha realizar agradecimientos y nombrar personas (que son los que le han llevado allí), 5m en hablar de “lo bueno que es, y lo inteligente” su compañero ponente o coordinador que recibirá de su parte esos 5m de alabanza mutua, 5 minutos de hablar de su libro y de insinuar que “que el estado le ha pedido ayuda y el se la ha brindado”, y los últimos 5 m de un ladrillo expositorio que si rescatas textual , ya ha sido dicho o expuesto por alguien o en otro sitio de la red. Por cierto existen mas los 3 minutos de exceso de exposición para evitar preguntas inteligentes. O nos sobra tiempo para acudir a esto o te interesa las personas que acuden como oyentes y tienen las mismas sensaciones que tú al final del acto. Os propongo un juego, coger los cromos y juntarlos.

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Pero volvamos a los expertos o salvadores de nuestra patria, en los actos no pueden contar experiencias por que sencillamente no las tienen, no pueden aportar ideas originales por que no saben que son, no pueden exponer sus investigaciones por que solo han memorizado 30 nombres o expresiones que le permiten realizar su propio bucle verborreado como establecen diálogos entre si, ignorando al resto por que sencillamente somos carne de platea. Pero es lo que hay y así se queda la comunidad que ellos definen como de la inteligencia, y los ves como se van cogidos de los hombros para pactar cual es la siguiente comunidad ilusa a la que asisten y no gratis precisamente, comerciales de la palabra, difusores del corta y pega, venden y venden pero no saben que, utilizan apoyos institucionales por que manejan las personas como piezas de su propio tablero, intercambian salas de universidad como cromos, foros oficiales como fichas y sus únicos méritos son precisamente ser parte de esa camarilla de favores.  No les interesa conocer la opinión de las personas ni mantener un coloquio. Y que conste que entre col y col siempre hay una lechuga. Ni sus títulos universitarios les hace seres inteligentes ni las plateas que visitan se lo certifican, yo los llamo especialistas de marketing social, !todos miraban hacía arriba por que el primer tonto señalo algo que realmente no era nada!,  me llamo TONY y no señalo el cielo con el dedo.

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