TRAMITADOR

En un análisis a menudo toca entender el papel de los individuos dentro de la colectividad a la que pertenece, para en este caso dimensionar su comportamiento humano. Fuera del lugar de los hechos valoramos circunstancias que encontraríamos irrelevantes si conociéramos el lugar, sus gentes, circunstancias o simplemente lo halláramos cercano, algunos desde su trono particular y  la comodidad del despacho con el dedo encima de la opción “OK”, se sienten poderosos e importantes, dioses que deciden sobre el futuro o la vida de las personas, eso ocurre en buena medida con algunos, actúan pensando en el reconocimiento  y el premio corporativo.

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Situemos a una persona corriente que por circunstancias provocadas o no, pasa a ser objeto de examen por parte de una empresa, el apellido su barrio incluso un dato confundido que aparezca en la red será determinante en la pronta resolución de su reclamación, pero ojo, si algo no les cuadra, inmediatamente se movilizan los importantes recursos de la misma; Peritos, colaboradores  o en último caso  detectives privados, de todos se recaba datos mas allá de los que  figura en la póliza (que son bastantes) los dos primeros actores condicionados claramente al interés del que le paga, por tanto dicen lo que quiere oír el cliente, sin que ello tenga repercusión o responsabilidad alguna, sus opiniones no son “objetivas”, el último o sea el investigador, su actuación es amparada por ley,  la misma que no le exige que sea justo o no en su resolución, salvo por un “código deontológico” sus conclusiones son obviamente subjetivas como discutibles, ni que decir tiene que los recursos que se destinan a la investigación del fraude son insuficientes y ridículos.

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De una de estas grandes corporaciones un día un tramitador fue llamado a recepción por que alguien le buscaba, este tramitador decidía sobre la indemnización o no de un siniestro, la resolución del asunto la había tomado unos minutos antes e informado de la no conformidad del siniestro a sus superiores y remitiendo una carta fría e impersonal al asegurado, este tramitador en el Hall con el que no se esperaba encontrar en la vida, curiosamente era con el asegurado del que acababa de resolver su expediente, pero para el tramitador conocer detalles personales del asegurado no hacía mas que acelerar el “pánico” en el que entro, ya no estaba desde una posición habitual de poder, su remate fue cuando el asegurado se dirigió a saludarle  por su nombre completo, el asegurado solo pretendía que se cumplieran los plazos legalmente establecidos y que sobradamente habían sido superados.  La resolución del expediente fue ciertamente curiosa, digna de otra reflexión.

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