el valor de la imagen de un vestido de novia

Inteligencia invisible.

A lo largo de una vida profesional uno se da cuenta que existen unas pautas que se repiten, como un indicativo que nos dice que una operación está siendo un éxito. Una de esas pautas es la sencillez, aplicar soluciones fáciles para problemas que ni con la última tecnología ni con un gran despliegue de medios podría hacerse.

Explicaré a que me refiero. Hace ya unos años, un personaje mediático contrató mis servicios para cubrir los actos previos y posteriores de lo que fue su boda. El nombre del novio estaba en todos los medios de la prensa rosa. Periodistas de televisión y del mundo mediático cubrían todos los flancos, desde su domicilio en la península, hasta los aeropuertos y rutas posibles hasta el lugar de la celebración.

Unos de los servicios que tuvimos que cubrir, fue la escolta y protección del traje de la novia. Ni que decir tiene, la importancia que tiene el traje para la novia para el momento de su aparición. Y en este caso la importancia era doble, porque la filtración de imágenes de ese elemento tan importante, podría menguar la ilusión de los novios en ese día tan especial.

Cuando se hace un servicio de escolta y protección se deben tomar siempre las mejores medidas y por supuesto contar con el personal sobradamente preparado. La seguridad en cualquier nivel, no es cosa de aficionados y mucho menos de confiarla a empresas que no nos demuestren la calidad de sus servicios, por mucho renombre que tengan.

Un traje de novia para su día, un maletín con documentación confidencial, una obra de arte, o cualquier cuestión que requiera de protección física, no puede tratarse como un asunto baladí. Se debe de usar el sentido común y obrar en consecuencia. La seguridad nunca es cara, pero los errores a veces tienen un valor mucho más elevado.

Pero volviendo al traje, decir que se hallaba rodeado de periodistas que viajaban con nosotros en el avión. Durante el trayecto permanecían inmóviles en sus asientos, menos algún “despistado” que intentaba buscar los servicios pasando cerca de nuestra posición. Al aterrizar, uno tras otro fueron bajando del aparato y apostándose como tiradores de élite en el aeropuerto, en busca por la imagen más valorada aquel tiempo. Un trozo de tela, una pequeña visión del color del vestido, cualquier imagen les hubiera valido. Pero al ir pasando el tiempo, y ver que nadie bajaba del avión  se dieron cuenta que el vestido hacía tiempo que había abandonado el aeropuerto. Por desgracia no puedo revelar nuestros métodos, pero si me gustaría hacer unas preguntas a los periodistas que aquel día nos acompañaron.

-¿Cuántos pilotos tiene un avión?

-¿Cuántas azafatas viajaron con nosotros?

-¿Cuántos carritos de catering bajaron por la rampa?

-¿Cuántas personas subieron a limpiar el avión y bajaron después?

-¿Por qué bajó una persona obesa del avión, y no repararon en ella durante el vuelo?

A veces simplemente observando se ve mucho más de lo que realmente hay,  y ciertamente en un operativo siempre hay mucho más de lo que se puede ver a simple vista.

La historia acabó con unos clientes muy satisfechos, un servicio de calidad a la altura de las expectativas y un grupo de periodistas enfadados en un aeropuerto nacional.  Un buen servicio.

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